Una semejanza entre el peregrino medieval y el viajero moderno

"A pesar de la profunda diferencia que separa, no sólo en sentido cronológico, el mundo de los peregrinantes del mundo de los primeros viajeros, existe una soterrada herencia que el silencioso y viejo peregrino en viaje a Roma deja al joven y locuaz aristócrata europeo que viaja con mirada de Ulises a lo largo de la península. Esa herencia consiste en el trasvase desde una a la otra forma de viajar de un intenso, invadente (sic), componente ritual, componente que se manifiesta en un listado de etapas canónicas para alivio del espíritu y del cuerpo, así como de obligadas visitas a las maravillas de la antigüedad en las que se articulan los primeros viajes a Italia. Es como si, en la estructuración de estos lñaicos itinerarios de la belleza y el saber, hubiera tenido lugar una transferencia del principio básico del peregrinaje, que a cada paso anuncia y declara su objetivo, que ilumina las interminables e impracticables sendas de los simulacros del Santo Sepulcro -es decir, feligresías, abadías, hospitales a fin de recordar su fisonomía y su nombre- y que, precisamente en esos simulacros, requiere de la pía devoción e incrementa su ardor con representaciones de los 'santos rostros' en madera y con la imagen esculpida del tortuoso laberinto, sembrado de obstáculos, le chemin de Jerusalén, a través del cual el alma llega hasta Dios."


Attilio Brilli en El viaje a Italia (2006). Traducción de Juan Antonio Méndez. 

Nota a pie de página. Un ejemplo de laberinto esculpido se encuentra en el pórtico que da entrada a la catedral de Lucca (Duomo di San Martino), etapa obligatoria en la perergrinación a Roma.

Nota mía. Por no sé qué razón, el traductor de Brilli deja en su versión la palabra italiana "invadente", que corresponde a nuestra palabra "intruso" o "intrusivo". 

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