Attilio Brilli



 

El pasado domingo 10 de diciembre, a mediodía, fui al Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo y pregunté a un amable empleado que si tenía algo sobre Italia. Me llevó al mueble donde se encuentran las guías turísticas, me entregó Los tesoros de Venecia, de Antonio Manno, y me dijo que no tenía más títulos sobre Italia. Le agradecí su atención y me quedé por ahí, entre las mesas cercanas, con la esperanza de encontrar alguna cosa extraviada. 

De pronto, mis ojos se posaron en un libro cuya portada reproduce el Ingresso al Canal Grande dal Molo, de Canaletto. ¡Venecia, otra vez! -pensé-. Vale, Venecia otra vez.

Horas más tarde, al buscar información sobre este óleo de Giovanni Antonio Canal, creado entre 1742 y 1744, me encontré con la siguiente descripción del periodista Àlex Sala: "En el molo (muelle) de San Marco, un pescador intenta vender sus anguilas a un par de prohombres que observan la mercancía. Una mujer pasea con un par de niños y otros grupos de personas conversan animadamente. Un perro parece esperar a que algo (o alguien) regrese del mar." Se distinguen, al fondo, las cúpulas de Santa María de la Salud y, detrás de ellas, la Iglesia del Redentor (aunque el periodista del National Geographic advierte que, "en la realidad", esta iglesia queda casi fuera de la vista del espectador).


El libro con el que me encontré es El viaje a Italia, de Attilio Brilli (San Sepolcro, 29 de marzo de 1936), profesor de literatura inglesa en la Universidad de Siena y experto en la literatura de viajes.

Ni por un segundo dudé en adquirirlo, así que me lo llevé, acompañado de la Venecia de Manno y el Louvre de Martina Padberg (aunque éste ya lo tengo, pero en un formato más pequeño, con el que me veo obligado a utilizar la lupa).

¡Y ya estoy gozando de la exquisita y fluida prosa de Brilli!

PRIMERA CITA

"Toda una tradición literaria resulta así permeada hasta nuestros días de la idea misma del viaje, entendido como metáfora de la existencia: desde los locuaces peregrinos de Chaucer, al itinerario alegórico cristiano, el héroe de Bunyan, el sarcástico de Gulliver, la criatura de Swift, por no hablar de ese otro Ulises, el icónico sosias creado por Joyce. Quien, por otra parte, quiere mantenerse en nuestros propios ámbitos y calibrar la supervivencia de esa idea itinerante en la obra de nuestros escritores, puede prestar atención al viaje cien veces iniciado de Italo Calvino e, incluso antes, interrogar las cartas del tarot en El castillo de los destinos cruzados, cuyos enmudecidos caminantes y peregrinos intentan la última forma de comunicación..."

Este pasaje me invita a traer al escritorio los siguientes libros:

1. Los cuentos de Canterbury, de Geoffrey Chaucer (1387-1400, aunque publicado por vez primera en 1476)

2. El progreso del peregrino, John Bunyan (1678)

3. Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift (1726)

4. Ulises, de James Joyce (1922)

5. El castillo de los destinos cruzados, de Italo Calvino (1973)





Comentarios

Entradas más populares de este blog

Historia de mi vida / Giacomo Casanova / Volumen I

La Roma de Charles Dickens (1844) / Primera entrega