Roma, ciudad abierta
A casi ochenta años de haberse estrenado, Roma, cittá aperta, de Roberto Rosellini (1945), conserva su fuerza dramática y su elocuencia histórica, a la vez que nos ofrece un sobrecogedor testimonio fílmico de la Roma inmediatamente posterior a la ocupación nazi.
Sirve recordar, a propósito, que Italia, después del derrocamiento de Mussolini, padeció su división interna: por un lado, la República Social Italiana (títere de los nazis); y, por el otro, el Comité de Liberación Nacional, es decir, la resistenza, cuya dignidad y cuya entereza son debidamente expuestas en el guión y magistralmente representadas por Aldo Fabrizi, Anna Magnani, Marcelo Pagliero y el mismo Vito Annicchiarico (tres años más tarde, otro niño nos arrancaría lágrimas semejantes: Enzo Staiola, en Ladrones de bicicletas).
Roma, ciudad abierta llegó a la Ciudad de México en 1948 y fue estrenada en el Palacio Chino, sala de cine que se encontraba (se encuentra, aunque abandonada) en la calle de Iturbide del Centro Histórico.
Durante la película, podemos apreciar la iglesia de la Santísima Trinidad (al llegar a las escalinatas de la Plaza de España, aparece el hermoso templo) y la cúpula de la Basílica de San Pedro (Vaticano), que sirve de fondo a la última escena, aquella en que los niños de la Resistencia caminan abatidos, tras el fusilamiento de don Pietro Pelligrini.
Dejo aquí el enlace a un breve pero valioso texto: Roberto Rosellini y la Roma de la posguerra, de Isabel Domingo de la Torre, artículo publicado por la revista cultural Amberes.


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