Venecia en el cine
El escritor madrileño Javier Marías apunta algo que no por obvio deja de ser sorprendente: hay gente que vive en Venecia. Sí, por insólito que parezca, existen personas para quienes la ciudad flotante no es una obligación estética sino un atributo del ser: sus días pasan, desde la infancia y a veces hasta la muerte, como si no hubiera otra posibilidad de escenario para la vida. Esto, si se piensa, puede ser triste, muy triste para los venecianos, quienes podrán conquistar amores de muchas maneras, como Bassanio en El mercader de Venecia , pero nunca si prometen un fastidioso paseo en góndola o el hastío de una tarde en la Piazza San Marco, por más gótica y más Palazzo Ducale que sea. Y es que las mujeres cotidianas del archipiélago serenísimo no han de embobarse con el Puente de Rialto, sino que sólo lo cruzan para la compra de verduras y pescado. A veces, la belleza constante se vuelve invisible. Para nosotros, en cambio, dichosos no-venecianos, la que fue o...