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Venecia en el cine

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El escritor madrileño Javier Marías apunta algo que no por obvio deja de ser sorprendente: hay gente que vive en Venecia.  Sí, por insólito que parezca, existen personas para quienes la ciudad flotante no es una obligación estética sino un atributo del ser: sus días pasan, desde la infancia y a veces hasta la muerte, como si no hubiera otra posibilidad de escenario para la vida. Esto, si se piensa, puede ser triste, muy triste para los venecianos, quienes  podrán conquistar amores de muchas maneras, como Bassanio en  El mercader de Venecia , pero nunca si prometen un fastidioso paseo en góndola o el hastío de una tarde en la Piazza San Marco, por más gótica y más Palazzo Ducale que sea. Y es que las mujeres cotidianas del archipiélago serenísimo no han de embobarse con el Puente de Rialto, sino que sólo lo cruzan para la compra de verduras y pescado. A veces, la belleza constante se vuelve invisible. Para nosotros, en cambio, dichosos no-venecianos, la que fue o...

Attilio Brilli

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  El pasado domingo 10 de diciembre, a mediodía, fui al Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo y pregunté a un amable empleado que si tenía algo sobre Italia. Me llevó al mueble donde se encuentran las guías turísticas, me entregó Los tesoros de Venecia , de Antonio Manno, y me dijo que no tenía más títulos sobre Italia . Le agradecí su atención y me quedé por ahí, entre las mesas cercanas, con la esperanza de encontrar alguna cosa extraviada.  De pronto, mis ojos se posaron en un libro cuya portada reproduce el Ingresso al Canal Grande dal Molo , de Canaletto. ¡Venecia, otra vez! -pensé-. Vale, Venecia otra vez . Horas más tarde, al buscar información sobre este óleo de Giovanni Antonio Canal, creado entre 1742 y 1744, me encontré con la siguiente descripción del periodista Àlex Sala: "En el molo (muelle) de San Marco, un pescador intenta vender sus anguilas a un par de prohombres que observan la mercancía. Una mujer pasea con un par de niños y otros grupos de personas conversan a...